Fortaleza El Coyotepe: la cárcel de las celdas de tortura y lo que le pasó al guía
En lo alto de un cerro frente a Masaya, en Nicaragua, está la Fortaleza El Coyotepe: un fuerte que fue escenario de una batalla en 1912 y que después se convirtió en cárcel de presos políticos, con celdas de tortura física y psicológica. Es de mis primeras investigaciones publicadas, en 2019, y una de las más fuertes que viví.
Del fuerte a la cárcel
La fortaleza está sobre el cerro Coyotepe, a pocos kilómetros de Masaya, con vista a la ciudad y a las lagunas. En octubre de 1912 fue escenario de la batalla del Coyotepe, en la que tropas de marines de Estados Unidos tomaron el cerro a las fuerzas del general Benjamín Zeledón.
Con los años se convirtió en cárcel de presos políticos. Hoy se recorre con guías, y lo que se ve abajo, en los calabozos, son celdas oscuras, húmedas y sin luz.
Lo que se cuenta
Según los relatos del lugar, en la época de la Guardia Nacional de Somoza a los presos se los torturaba física y psicológicamente:
- Había una celda de tortura psicológica: encerraban a varias personas en un lugar totalmente aislado y a oscuras, donde lo único que escuchaban eran los gritos de los otros presos.
- En la celda de tortura física, a pocos pasos, todavía se ven manchas en la pared que, según cuentan, son de sangre de esa época. Yo las vi con mis propios ojos y quedaron en cámara.
- Se cuenta la historia de un preso al que le arrancaron la lengua, que le escupió sangre en la cara a sus torturadores, y que después habría sido arrojado desde un helicóptero a uno de los volcanes activos de la zona.
Y las leyendas paranormales: una mujer de blanco, lamentos como de personas siendo torturadas, sombras, voces, y que el único portón de hierro original que sigue en pie suena solo, como si alguien lo abriera y lo cerrara. También se dice que gente entró a hacer rituales y a jugar a la ouija.
La investigación
Antes de empezar, una aclaración que siempre hago: esa noche el sereno estaba arriba con otra persona, así que las voces que se escuchan de fondo en el video son humanas. Las analicé todas antes de publicar.
Investigué con un medidor de campos electromagnéticos casero, y me acompañó uno de los cuidadores del lugar, que hacía de guía.
En la celda de tortura física, junto a las manchas, el medidor empezó a reaccionar justo cuando empecé a intentar comunicarme, y después la lectura se fue atenuando hasta desaparecer.
La celda de tortura psicológica
El guía venía diciendo que sentía que lo tocaban y que le tiraban piedritas. Para poder medir eso, le di el medidor a él. En la celda de tortura psicológica, él se fue al fondo, y yo pedí que, si había algo ahí, tocara el aparato que él tenía en la mano.
Lo hizo cuando apagué la luz: el medidor llegó a la luz azul, la más fuerte. Para descartar, prendí la luz y le pedí que lo hiciera de nuevo. Y otra vez llegó a la azul.
En esa misma celda quedó grabado dos veces, con unos 20 o 25 minutos de diferencia, un sonido como de aliento, como una respiración. No lo tomo como nuestro: por la frecuencia, es distinto al sonido que hacía el guía al respirar por la nariz, y parece más metido en el audio que grabado en el lugar.
Lo que le pasó al guía
En un momento, a oscuras, noté que el guía se empezó a mover mientras estaba quieto. Le pregunté si estaba bien y no me respondía. Prendí la luz: estaba como ido, pensativo, y tardó en contestarme. Más adelante, justo cuando él dijo sentir que algo le tocaba la cabeza, la cámara tuvo un pestañeo, un fallo de imagen. No le doy mucho peso a eso, pero en una investigación no se puede descartar nada.
Lo más perturbador vino después. El ambiente se puso muy frío y el guía cambió por completo, hasta en la mirada: tenía una mirada perdida, como si no fuera él. No era algo energético: era una persona de carne y hueso que se había transformado delante mío.
No sé qué le pasó. Pudo haber perdido el conocimiento, pudo tener alguna condición que yo desconozco, o pudo ser actuado; intenté descartarlo escuchando lo que hablaba con el otro guía. Pero hubo algo que me hizo pensar que fue real: cuando terminé de grabar, salió corriendo del lugar, y cuando lo seguí lo vi subir la escalera caracol casi con las rodillas, del susto.
Lo que me llevo
El Coyotepe fue uno de los mejores lugares que me tocó investigar: muchísima historia, mucho sufrimiento, y además, sin electricidad y lejos de la ciudad, casi no hay contaminación electromagnética, algo ideal para una investigación seria. Me llevo un medidor que llegó al máximo dos veces cuando lo pedí, un sonido de respiración que no supe explicar y lo que le pasó al guía, que todavía hoy no sé cómo definir.
El video

La investigación completa: lo que encontramos en la cárcel del Coyotepe · Ver en YouTube
Si vas a visitarla
La Fortaleza El Coyotepe está en las afueras de Masaya y se puede recorrer con guías. Es un lugar con mucho dolor: andá con respeto.
🔦 ¿Viste la linterna en la portada? Uno de los registros escondidos es de esta noche: buscá la palabra "Posesión".