Isla de Flores: una noche solo en la isla del lazareto, el faro y el crematorio
A unos 20 kilómetros de la costa de Montevideo hay una isla de rocas, un faro y edificios comidos por la sal: la Isla de Flores. Fue apostadero de barcos negreros, lazareto donde se hacía la cuarentena de los inmigrantes, tuvo un horno crematorio y fue cárcel de presos políticos. Me quedé solo una noche en la isla, y hasta dormí adentro del faro, para ver si el fenómeno paranormal era tan real como dicen.

La historia de la isla, en el video, la narra Néstor Ganduglia, que generosamente se prestó para contarla. Para mí es un orgullo enorme que haya querido colaborar así. Esta página va también en su memoria.
Una isla sin flores
El nombre engaña. En la Isla de Flores no hay flores: hay rocas golpeadas por el sol y la marea, algunas palmeras aisladas y una vegetación que apenas levanta unos centímetros. El nombre viene de Sebastián Gaboto, que llegó en la Pascua Florida de 1527. En realidad son tres islas, que con la marea baja quedan unidas.
El faro es de origen portugués y funciona desde 1828. Tiene su propia historia: está ligado al Convenio de la Farola de 1819, el acuerdo con los portugueses del Brasil por el que la Banda Oriental perdió territorio. Por eso se dice que fue uno de los faros más caros de la historia.
La isla de las tristezas
Durante mucho tiempo la isla fue apostadero de los barcos que traían personas esclavizadas. Antes de venderlas en Montevideo las bajaban acá, y a quien se enfermaba lo dejaban a morir en un islote cercano.
Después llegaron las epidemias: la fiebre amarilla, el cólera, el tifus. Para frenarlas, la isla se convirtió en una aduana sanitaria. Se construyó un edificio llamado, con cierta ironía, "Hotel de Inmigrantes", que en realidad era un lazareto: todos los barcos que llegaban, cargados de europeos que venían buscando una esperanza, tenían que parar y hacer cuarentena, de hasta 40 días.
Cada isla tenía su función. En la primera, la más grande, esperaban las familias, rogando que no les aparecieran síntomas. Si aparecían, los llevaban a la segunda, la de los enfermos, de donde era muy difícil volver. Y en la tercera estaban el cementerio y el horno crematorio, cuya chimenea todavía sigue en pie. Muchas familias se rompieron entre una isla y otra.
Como si fuera poco, en los años 30, durante el gobierno de Gabriel Terra, la isla también fue cárcel de presos políticos. Muchos de los que pasaron por ahí, enfermos, esclavizados o presos, dejaron grabados en las paredes sus nombres, mensajes y palabras de amor.
Desde 2018 es parque nacional, y desde hace décadas sus únicos habitantes regulares son los fareros.
"Si vas con la sensibilidad viva y el oído atento, vas a encontrarte con los fantasmas de la memoria." — Néstor Ganduglia
Las leyendas
- El farero que, según se cuenta, se tiró desde lo alto del faro, y que seguiría adentro.
- En la habitación con camas que hay dentro del faro, una sombra que sale del baño y se desvanece en una pared, y golpes que se escuchan en un rincón.
- Una niña que andaría corriendo por la isla, y que se dice que se suicidó. Según la información que encontré, si ocurrió, no fue en el lazareto donde estaban los inmigrantes, como se suele contar, sino del otro lado, en el edificio donde se quedaba el personal militar.
- Gritos de noche, quejidos, y hasta quien dice sentir todavía el olor de la carne quemada del crematorio.
Parte 1: el faro
Empecé apenas cayó la noche, en el faro. Dejé un REM-Pod y una cámara de visión nocturna, y en la habitación de las camas, donde se cuenta lo de la sombra, apagué todo para ver si aparecía y hice una sesión de Spirit Box SB7. Uno de mis medidores de miligauss se trabó en cero, así que no lo tomé en cuenta. En el faro no pude registrar nada claro.
Parte 2: el lazareto
Después fui a la primera isla, donde se quedaban las personas "sanas" durante la cuarentena. Dejé una cámara con sensor de movimiento y filmación nocturna, y recorrí las instalaciones pidiendo que, si había alguien, tocara los equipos.
Hasta casi las dos de la mañana todo estuvo muy quieto: ninguna medición, ninguna sensación incómoda, ninguna voz, ningún grito. Hasta que, en una de las instalaciones, se prendió la luz verde de uno de los equipos. Pregunté si había alguien tocándola, le pedí que dejara de tocarla y después que lo hiciera de nuevo. Ese momento sí lo tomo como evidencia.
La noche adentro del faro
Cuando terminé, me fui a dormir adentro del faro, con todo apagado, mientras dejaba los equipos afuera midiendo. Y ahí, intentando dormir, sentí que había alguien conmigo: una presencia fuerte que me incomodaba y no me dejaba dormir.
¿Fue algo real? Puede ser mi imaginación del momento: solo, de noche, en una isla con tanta historia, en el mismo faro de la leyenda del farero. No lo puedo afirmar. Pero lo cuento, porque fue lo que sentí.
Lo que me llevo
La Isla de Flores es uno de los lugares con más historia del Uruguay, y no toda es linda. Más allá de lo paranormal, recorrerla es caminar entre lo que pasaron los esclavizados, los inmigrantes que llegaron con una esperanza y las familias que se quebraron entre una isla y otra. De esa noche me llevo una luz verde que se prendió cuando pregunté, y una presencia que no me dejó dormir.
Los videos

Parte 1: solo en la Isla de Flores, la investigación en el faro · Ver en YouTube

Parte 2: la historia narrada por Néstor Ganduglia y la investigación en el lazareto · Ver en YouTube
Esta investigación también salió en la prensa: El País, suplemento Domingo.
Si vas a visitarla
La Isla de Flores es un parque nacional y el acceso está regulado, así que conviene informarse bien antes de ir. Y como siempre, con respeto: entre esas ruinas hay mucho dolor.